La generación de tiendas familiares que resisten en el tiempo

En medio de calles polvorientas y barrios transitados de Colombia, hay una imagen que permanece intacta a pesar del paso de los años: la tienda de barrio. Pero más allá de los estantes llenos de productos o de las vitrinas con dulces y gaseosas, lo que realmente se conserva en el tiempo es el legado familiar que estas tiendas representan. Muchas de ellas han sido fundadas por abuelos y abuelas que, con esfuerzo, abrieron un pequeño espacio para vender lo esencial. Hoy, sus hijas, hijos y hasta nietos continúan ese legado.

La historia de Jhovany Zambrano, tendero del barrio Las Américas desde hace más de 5 años, es un ejemplo claro. “Yo vengo de una familia de tenderos porque mi mamá nos crió con tienda, la tienda Ahorramax ha pasado por manos de mi mamá, mi hermano, mi hermana y ahora la tengo yo” comenta con orgullo.

Este traspaso no es solo de un negocio, es de valores, de maneras de relacionarse con el barrio y de formas de entender la economía popular. Los hijos de tenderos no solo heredan un local, heredan una comunidad, una clientela fiel, una historia de trabajo y resistencia. “La tienda es como otro hijo más en la familia, si uno la descuida, se cae. Pero si uno la cuida, ella cuida de todos”, agrega Don Jhovany.

Muchos de estos negocios han sobrevivido frente a las grandes cadenas de supermercados no solo por su ubicación estratégica, sino por el arraigo emocional y la confianza que han sembrado en sus barrios. Pero sostener el legado no es tan fácil, las nuevas generaciones enfrentan desafíos como la competencia con grandes supermercados, la digitalización y la formalización del negocio.

Muchos jóvenes dudan en continuar la tradición por falta de incentivos o apoyo técnico. Sin embargo, hay quienes apuestan por combinar la herencia con la innovación, modernizando los inventarios, ofreciendo domicilios por WhatsApp y manejando las cuentas con apps. Así, el espíritu de la tienda se mantiene, adaptándose a los tiempos sin perder su esencia en una sociedad que cambia a pasos acelerados. Las tiendas que pasan de generación en generación son una muestra viva de que la economía popular no es estática, sino dinámica y resistente.

Publicar comentario