Mujer, madre y tendera: El corazón detrás de la vitrina

Detrás de muchas vitrinas de las millones de tiendas que hay en el país, hay miles de mujeres que, mientras entregan una bolsa de arroz o un panal de huevos, están pendientes de su familia. Ser mujer, madre y tendera no es solo una forma de trabajar, es una forma de resistir y sostener hogares enteros con dignidad.

En Colombia, miles de tiendas de barrio están lideradas por mujeres que han convertido estos espacios en centros de economía familiar y refugios comunitarios. La tienda es, muchas veces, una extensión de su casa, ahí se cuida al hijo pequeño, se cocina entre ventas, se hace el almuerzo para la familia mientras se recibe al proveedor. El esfuerzo no se detiene y el tiempo libre es un lujo poco frecuente. “La tienda es mi forma de vida, pero también es mi forma de estar con mis hijos”, cuenta Yoleidys Matute, tendera en el barrio Las Américas,

Al igual que Yoleidys, Martha Cedeño, en su papel de madre cabeza de hogar, empezó con una pequeña vitrina en la sala y poco a poco fue creciendo hasta montar su propio negocio. “Crié a mis hijos a punta de lo que la tienda me dio, ya ahora están grandes y la tienda sigue siendo el sustento del hogar, gracias a eso nunca nos faltó un plato de comida en la mesa”

El rol de estas mujeres va mucho más allá de vender. Son administradoras, emprendedoras, psicólogas improvisadas de los vecinos, contadoras de su propio negocio y madres a tiempo completo. La jornada inicia muchas veces antes de que salga el sol y termina en la noche. A pesar de las cargas, la figura de la tendera madre representa una fuerza vital en las comunidades. Su presencia constante, su capacidad para fiar cuando nadie más lo hace, su ejemplo de disciplina, hacen que la tienda se convierta en un centro de confianza y en un símbolo de tenacidad.

No obstante, ser tendera también implica retos. La sobrecarga de responsabilidades, la falta de reconocimiento y los obstáculos para acceder a apoyos financieros y formativos son comunes. Muchas veces, las mujeres llevan años en la actividad sin tener acceso a capacitación formal ni a redes de apoyo que les permitan mejorar sus condiciones. Sin embargo y a pesar de todo, continúan en la lucha.

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