Las tiendas: El alma de los barrios y de la economía popular

Colombia cuenta con más de 700.000 pequeños comercios, de los cuales 260 mil son tiendas tradicionales, según Fenalco. Estos pequeños comercios, mayoritariamente familiares, representan un canal de comercialización que mueve el 52% de los productos de consumo masivo en el país, superando incluso a las grandes cadenas y supermercados en muchas regiones.

Su relevancia radica en varios factores. Primero, su capilaridad de llegar a zonas donde las grandes superficies no tienen presencia, especialmente en áreas rurales o urbanas periféricas. Segundo, la confianza de que el tendero conoce a sus clientes por nombre , sabe fiar, escucha problemas y ofrece consejos y tercero, su adaptabilidad, muchas tiendas han logrado sobrevivir a crisis como la pandemia, reinventándose mediante domicilios, medios digitales, y alianzas comunitarias.

El aporte a la economía popular

Las tiendas de barrio no solo facilitan el acceso a productos básicos; también generan empleo. Se estima que por cada tienda se sostienen entre 2 y 3 empleos directos, lo que convierte al canal tradicional en una fuente significativa de ingreso para miles de familias.

Además, dinamizan la economía popular al articularse con distribuidores locales, pequeños transportadores, bodegas y productores regionales. En muchos casos, el tendero se convierte en una figura que conecta a las grandes industrias con los consumidores finales, manteniendo viva una red de economía informal o semi-formal que es vital para el sustento de millones de colombianos.

Las grandes empresas de consumo masivo como Postobón, Alpina, Colombina, Nestlé o Bavaria han reconocido desde hace décadas la importancia de las tiendas de barrio como canal estratégico. A través de ellas colocan un alto porcentaje de sus productos, adaptando presentaciones y precios para las dinámicas del día a día. Una libra de arroz, un tarro de café individual o una gaseosa retornable son ejemplos claros de cómo la industria se ha adaptado al bolsillo de quien compra «de a poquito».

Desafíos y oportunidades

A pesar de su fortaleza, el canal tradicional enfrenta grandes retos como la competencia de cadenas con precios más bajos, la falta de acceso a créditos formales, el escaso acompañamiento institucional y las limitaciones tecnológicas. Sin embargo, cada vez son más los proyectos de inclusión financiera, formación digital y fortalecimiento comercial que buscan apoyar a los tenderos como actores esenciales del tejido económico y social del país.

Las tiendas de barrio no solo venden productos; construyen comunidad, son puntos de encuentro, espacios de conversación y escenarios de confianza. Allí se comenta el resultado del partido, se reciben encargos de vecinos, se guarda una llave o se da fiado hasta fin de mes. Este canal tradicional no es solo una estructura económica, es una red viva y resiliente que sigue demostrando su importancia en la sociedad colombiana.

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