Remedios caseros para el dolor de cabeza que puedes encontrar en tu tienda de barrio

En cada barrio hay una abuela que guarda en la memoria fórmulas simples pero efectivas para aliviar los males más comunes. El dolor de cabeza, ese compañero inoportuno de los días agitados no siempre necesita una pastilla para irse. A veces, el alivio está más cerca de lo que pensamos y es en la misma tienda del barrio.

Uno de los remedios más conocidos y efectivos es la infusión de manzanilla o hierba buena. Ambas hierbas se consiguen en bolsitas o frescas y tienen propiedades relajantes que ayudan a calmar tensiones y aliviar el dolor. Basta con hervir una taza de agua, agregar la hierba y dejar reposar unos minutos antes de tomarla caliente. Si el dolor es por estrés, este remedio es casi infalible.

Otro truco muy usado es el limón con café, un clásico que pocos conocen pero que suele dar buenos resultados. Se exprime medio limón en una taza pequeña de café negro sin azúcar. Aunque el sabor es fuerte, este remedio puede ayudar a aliviar dolores de cabeza por fatiga o trasnocho, gracias a la combinación de cafeína y vitamina C.

En muchas tiendas también se consigue el mentol o el alcanfor en pomada. Aplicar una pequeña cantidad en la frente, las sienes y la nuca, haciendo un suave masaje circular ayuda a descongestionar y genera una sensación de frescura que alivia. Es ideal cuando el dolor es por tensión muscular o cansancio visual.

Si el dolor de cabeza aparece por calor o insolación, el remedio está en la nevera de la tienda, una gaseosa de kola o una bebida con cafeína fría puede funcionar como estimulante leve. Aunque no es para uso diario, en esos días pesados puede marcar la diferencia. Acompañarla con un buen vaso de agua también es importante, pues muchas veces el dolor viene por deshidratación.

Y por supuesto, no hay que olvidar el más sencillo de todos, tomarse un momento para descansar en silencio, cerrar los ojos y respirar profundo. Aunque no se vende en la tienda, muchas veces es lo que el cuerpo está pidiendo. La tienda puede ser también ese pequeño refugio donde, entre clientes, se toma un café, se conversa y se suelta un poco la carga del día.

El dolor de cabeza no siempre es señal de algo grave, pero sí un aviso de que el cuerpo necesita un respiro. Y cuando el botiquín falla o no está a la mano, los saberes de antes y los productos de siempre siguen ahí, listos para cuidar a los nuestros.

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