Los tenderos de Neiva entre la tradición y el cambio digital
En Neiva, donde el tendero conoce los apodos de todos en la cuadra, las tiendas de barrio siguen siendo más que puntos de venta, son parte del tejido comunitario. Y aunque el mundo avanza a toda velocidad hacia lo digital, la pregunta sigue flotando en el aire: ¿De verdad todos están listos para aceptar pagos digitales?
Muchos de los tenderos de la capital huilense llevan décadas detrás del mostrador. Aprendieron a hacer cuentas con calculadora en mano, a fiar con base en la palabra y a confiar en el efectivo como única forma de pago. Para ellos, eso no solo funciona, sino que es parte de su manera de vivir y de trabajar.
“Desde que monté la tienda aquí todo ha sido de palabra, anoto en mi cuaderno y las personas que llevan fiado me pagan poco a poco y cuando pueden”, cuenta Doña Yoleidys, tendera del barrio Las Américas “Yo no tengo Nequi porque no sé utilizarlo, a mí me gusta que me paguen en efectivo”, agrega.
Y como ella, muchos tenderos sienten que la velocidad del mundo digital no los contempla. No es falta de voluntad, es una mezcla de tradicionalismo, miedo y la lógica de una vida entera vivida en efectivo. Contrario a lo que algunos discursos modernos sugieren, el efectivo no ha muerto, ni morirá pronto. En sectores populares pagar con monedas o billetes es todavía lo más común. “Aquí la gente viene con lo justo, con el billete arrugado del almuerzo”, comenta Marcial Rincón, tendero del suroriente de la ciudad.
Para estos tenderos, digitalizarse puede sentirse más como una imposición que como una opción. Y aunque los beneficios del pago digital son reales, no se puede olvidar que cada negocio tiene su ritmo, su historia y su contexto.
¿Entonces qué hacer?
Lo importante es entender que el pago digital no debe ser una barrera ni una causa de exclusión. La clave está en la información, que los tenderos sepan que tienen opciones, que existen plataformas fáciles de usar y programas como los de Comfamiliar Huila y AvanzaTec de la alcaldía de Neiva que los pueden orientar para que pueden combinar lo digital con lo físico.
En ese punto medio está el equilibrio, no se trata de reemplazar la cultura arraigada y viva del efectivo, sino de tener la capacidad de responder cuando el cliente moderno llega sin un solo billete en el bolsillo. Por eso, aceptar pagos digitales no es una obligación, sino una posibilidad. Un camino que cada uno puede recorrer a su ritmo, con el acompañamiento adecuado y sin perder la esencia.



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